El riesgo de los mundiales.

s_MLA_v_O_f_120202718_3741Es cierto que el fútbol despierta pasiones y en el mundial esas pasiones afloran aun mas si cabe.

El fútbol esta en la calle, en la tele, en los bares, en la radio, en todos lados, y no es raro que luego de las primeras semanas de torneo, unos amigos en un bar, arrastrados por la emoción de un encuentro memorable se propongan jugar ellos al fútbol con frases como estas, “no se porque dejamos de jugar al fútbol si no lo hacíamos nada mal, porque no volvemos a esa sana costumbre” y alentados por las cervecitas que se han tomado y por todo el fútbol que están respirando los amigos dicen “siiii” sin dudarlo.

Así de rápido es, como unos dinosaurios del fútbol se embarcan en retomar esa vieja y gloriosa costumbre desempolvando camisetas que inexplicablemente ahora nos quedan más apretadas. Otro problema es juntar al resto de los integrantes del equipo (como no los llames justo antes o después del partido te darán mil excusas).

Ayudados por el envión de la pasión que nos provee el mundial, conseguimos juntar ese grupo de amigos que hace ya unos cuantos años no se vestían de corto, Y aunque esto parezca una proeza, la real gesta será verlos jugar el partido.

Suele suceder que una vez que entramos al campo vestidos de corto nos invaden sensaciones extrañas, la primera pensar que nada a cambiado que fue una torpeza haber dejado de jugar todo este tiempo. En los primeros toques de calentamiento, todos hacen exquisiteces, pero una vez que empiezas a jugar todo cambia ya en la primera pelota notamos que todo va mucho mas lento, excepto la pelota que lleva una velocidad endemoniada, pero no nos resignamos (mas de uno dirá la frase “estas pelotas nuevas son mucho mas ligeras). La cosa comienza a ponerse interesante cuando los que tienen un trabajo de oficina y no juegan hace años, pretenden conducir un contraataque a toda velocidad, será inminente la sensación de ahogo y conviviendo con un orgullo que no quiere dejarnos creer que la maquina esta un poquito oxidada, o ese que recibe un pase y cuando quiere darse vuelta nota que tarda una eternidad y decide tirar a puerta de cualquier manera argumentando “vi un hueco y le pegue…”

Este experimento solo puede terminar de 2 maneras, medio equipo lesionado o al menos muy muy cansado. Raro será el caso de quien no sienta una dolencia o que no deba tomarse 2 litros de bebida energética para recuperarse del partido.

Mas allá del encuentro la real gesta será al llegar a casa, cuando deberemos disimular la cojera o al levantarnos el día siguiente con el cuerpo que ya frío que  estará absolutamente resentido, no se nos puede escapar ni un solo comentario sobre alguna dolencia para no oír esa frase de “te lo dije, para que vas a jugar si sabes que no estas en forma”…

 

 

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