No hacer esto sin supervisión de un adulto…

adultoCuantas veces hemos oído o leído está frase, como es de esperar cuando uno es un niño tan solo el sonido de estas palabras resultan ser un desafío impostergable, una invitación a realizar esa actividad, obviamente sin supervisión de adultos.

Principalmente por el hecho de que cuando somos pequeños no existe nada mas divertido que hacer lo contrario de los que nos ordenan (y de no tan pequeños también, incluso hay gente que parece que llevar la contra como estandarte, es su modus vivendi). También hay que decirlo, si algo aprendemos de pequeños en este mundo, es que para todo lo que pidas permiso seguramente obtendrás una respuesta negativa (contra el vicio de pedir existe la virtud de negar, decía un sindicalista amigo mío).

Os contare una anécdota de un amigo que gráfica este concepto.

cañoncitoUn amigo de pequeño después de ver como se fabricaba un arma de fuego en un documental de la televisión, se le ocurrió construir un pequeño cañón de fuego, previamente se preparo un blanco, puesto que tampoco era cuestión de disparar sin sentido.

Previendo el detalle de que si le preguntaba a sus padres seguramente pondrían trabas a sus tareas inventivas, decidió embarcarse en esa actividad solo y pensó que de todos modos, tenia todos los materiales necesarios en el cuarto de las herramientas de su padre que estaba en el fondo de la casa y él podía acceder fácilmente, por ello se puso rápidamente manos a la obra.

 

Consiguió la pólvora de unos cohetes viejos, unas Canicas/bolitas como proyectil, como mecha utilizo un cordel que encontró en el costurero de su madre, para separar la pólvora del proyectil utilizo papel secante que previamente había masticado para darle la forma adecuada y como lo que faltaba era el tubo metálico que hace propiamente de cañón se le ocurrió adaptar una varilla metálica hueca que tomo prestada de una vieja antena de televisión, sin ponerse a pensar que la ventaja de esta varilla metálica era a su vez su gran peligro, puesto que le permitía cortarla para dejarla a la medida adecuada y hacerle el agujero para pasar la mecha hasta la pólvora sin mucha dificultad.

Una vez que lo tenía todo preparado encendió la mecha y espero a unos 60 cm del artefacto a ver que pasaba. Lo que paso… es que, así como él había podido doblegar fácilmente la resistencia del tubo de aluminio para transformarlo en cañón, con mayor facilidad lo doblego la pólvora que en lugar de dirigir su potencia para expulsar el proyectil, simplemente reventó el tubo y el invento.

De mas esta decir que nuestro amigo no hizo blando en ningún objetivo, pero a cambio recibió una sordera parcial en uno de sus oídos. Pero esas solo fueron las primeras consecuencias del experimento puesto que al oír la sonora explosión sus padres fueron raudamente a ver que pasaba, cuando se aseguraron de que nuestro amigo estaba bien, para preservarlo de sus inventos le pusieron en castigo durante mucho, mucho tiempo.

Por cosas como estas creo que seria interesante el cambiar la frase de “solo utilizar con supervisión de un adulto”, por algo así como un decálogo de las cosas que te puede hacer un adulto si te sorprende realizando la actividad señalada…

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